Cambio climático, Páramos y minería

Por: Julia Cuadros
Fuente: El Tiempo
04/05/2009

El Perú está considerado como el tercer país más vulnerable del mundo frente al cambio climático, luego de Bangladesh y Honduras. El cambio climático ya no es una posibilidad, sino una realidad palpable. El aumento de la temperatura mundial se debe principalmente a la producción y consumo de combustibles fósiles como el petróleo, actividades y procesos industriales que emiten gases de efecto invernadero, por ejemplo dióxido de carbono, metano y óxido nitroso; prácticas agropecuarias que erosionan el suelo, también el cambio de uso del suelo y deforestación. El Perú aporta el 0.4% de emisiones de gas de efecto invernadero, de los cuales el 47% se da por el uso del suelo y el cambio de uso, 19% por prácticas agrícolas inadecuadas, 21% por producción de energía, 7% por procesos industriales y 6% por disposición inadecuada de desechos.

La actividad minera, en particular la de tajo abierto, es una de las actividades económicas que más insumos, energía y materiales requiere. Asimismo es una de las industrias que mayor cantidad de desechos produce. La actividad minero metalúrgica es responsable del 13% de las emisiones de dióxido de azufre, consume entre el 7 y 10 % de la energía mundial, mucha de la cual es de origen termoeléctrica, mientras que aporta menos del 1% del producto bruto mundial y emplea a menos del 0.5 % de la mano de obra del planeta.

Los impactos del cambio climático los estamos viviendo los últimos años; se han producido eventos climáticos extremo como olas de frío, heladas intensas, olas de calor, inundaciones, han variado los regímenes de lluvias, se han producido sequías prolongadas, el Fenómeno El Niño se presenta en forma más recurrente y severa, están retrocediendo los glaciales. Si a ello agregamos actividades humanas como el drenaje de humedales, ya sea por acción de la población o por acción de las empresas mineras, prácticas inadecuadas como sobre pastoreo, quema de pastizales, deforestación, ampliación de fronteras agrícolas; así como aspectos como el fraccionamiento de la propiedad y debilidad de las organizaciones sociales.

Esta situación está llevando a que el agua escasee, se erosionen los suelos y se incremente la desertificación.

Sin embargo al interior de nuestro país existente regiones que son más vulnerables que otras al Cambio Climático, como lo es Piura.

Es sumamente preocupante que un contexto como el descrito, se tomen medidas que son insuficientes y se diseñen políticas públicas que no abordan los temas de fondo. Si revisamos el catastro de concesiones mineras a nivel nacional, podremos darnos cuenta que la minería se encuentra mayoritariamente asentada en cabeceras de cuenca, en zonas productoras de agua, lagunas altoandinas y valles trasandinos, presionando sobre ecosistemas frágiles que producen, recolectan y distribuyen el agua como son los páramos andinos ubicados en los departamentos de Piura y Cajamarca.

Entre los efectos concretos que el cambio climático viene produciendo tenemos el aumento de la inseguridad alimentaria, la degradación de la bio y agro diversidad, la presencia de nuevas plagas y enfermedades que afectan los cultivos, el incremento de los conflictos por el uso del agua, entre otros.

Frente a los desafíos, riesgos y vulnerabilidad existentes, los instrumentos de evaluación de impactos ambientales y las políticas de protección y prevención de riesgos en minería no están actualizados dado que no se diseñan políticas, objetivos y estrategias específicas que aborden los temas de fondo.

Así lo podemos constatar en el documento de la Política Nacional del Ambiente que estuvo en consulta pública hasta marzo pasado; al caracterizar inadecuadamente la situación ambiental del país y el rol que la minería viene desempeñando en la degradación, por ejemplo, de las cuencas hidrográficas. Otro instrumento clave para enfrentar el cambio climático es el ordenamiento del territorio, normativa que estos momentos se encuentra en debate en el Ministerio del Ambiente.

Asimismo, luego de promulgada la nueva Ley de Recursos Hídricos, cuyo reglamento debe aprobarse en los próximos días, nos preocupa si se incorporará la protección de las fuentes de agua, así como la inclusión en las prioridades de uso a la naturaleza como usuaria de agua para su reproducción y sostenibilidad.

Los páramos andinos son ecosistemas de importancia estratégica ya que prestan imprescindibles servicios ambientales en particular de captación y distribución de agua. En el Perú los páramos se encuentran en los departamentos de Piura y Cajamarca. Los páramos prestan servicios ambientales estratégicos no sólo a las comunidades o poblaciones rurales aledañas, sino también a los habitantes de las ciudades que utilizan sus aguas. Ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Quito, Cuenca, Loja, Cajamarca y Piura se abastecen del agua que producen los páramos.

El páramo brinda servicios hidrológicos a las zonas bajas de las cuencas. El volumen total producido por el páramo es alto, resultado de la lluvia, de contar con una vegetación que capta neblina y que consume poco agua. En el caso de Piura los páramos están ubicados en las cumbres de la Cordillera de los Andes, en los distritos de El Carmen de la Frontera (Huancabamba) y Ayavaca y Pacaipampa (Ayavaca)

La expansión de la minería en Perú viene comprometiendo el ecosistema páramo – jalca (como también se le conoce). En Piura el 44.5% de los páramos está bajo concesión minera. De darse la actividad minera, se vería comprometida tanto la calidad como la cantidad y disponibilidad del agua. La costa de Piura bebe el agua que se produce en los páramos y las alturas.

Sin importar la escala de intervención, sea una sola gran mina, o muchas minas pequeñas, la minería es una actividad de grandes y delicados impactos. Se podría apelar a balance costo/beneficio; sin embargo este balance es deficitario. Los costos ambientales, sociales e incluso económicos pueden ser mayores en comparación a los beneficios coyunturales en términos de las variables macroeconómicas del país en el largo plazo.

La minería no debe darse en el páramo; por el contrario se debe promover políticas públicas y normativa específica que excluya la minería de estos ecosistemas estratégicos y vulnerables.

Ello implica que debe formar parte de la política de Estado definir en qué zonas se puede hacer minería y qué zonas no se debe hacer minería. En concordancia con ello deberá modificarse la política de concesiones, que sólo restringe la autorización de concesiones en áreas naturales protegidas del Sistema Nacional, obviando que existen espacios como los páramos, de interés regional y local que también deben ser protegidos; y por ello, la aprobación de concesiones no debe darse en forma automática.

Así, como tareas más precisas proponemos zonificar y georeferenciar los ecosistemas frágiles, en particular los páramos. Implementar la Zonificación Ecológica Económica – ZEE y Planes de Ordenamiento Territorial que con sustento técnico formen parte de los procesos de planificación y presupuestos participativos; incluir en los planes de desarrollo, locales, regionales y nacionales, la protección e intangibilidad de los páramos, en atención al carácter estratégico y de servicios ambientales que los ecosistemas prestan.

Desde la sociedad civil organizada debemos fortalecer las organizaciones y las capacidades de los actores locales, gobiernos locales, comunidades campesinas, mujeres y jóvenes, brindándoles información oportuna y confiable para la mejor toma de decisiones, promover la zonificación desde el nivel comunal y distrital; generar participativamente y difundir información como son los inventarios de recursos naturales, inventarios de recursos hídricos (calidad y cantidad), entre otros.

Minería y Conflicto social

Por: Fernando Romero
Fuente: Diario El Tiempo
01/04/2009

El día martes pasado se presentó en Lima el libro “Minería y Conflicto Social”;fruto de una investigación que , a partir de la investigación de seis casos emblemáticos de conflictos mineros, se avanza en una mejor compresión de su naturaleza y devenir y se proponen orientaciones dirigidas a hacer que la minería en el Perú, presente en algunos territorios y ausente en otros, sea efectivamente un aporte para que el país pueda aprovechar equitativa, sostenible y democráticamente sus recursos naturales.

Para la mencionada presentación se realizó un panel en el que Bruno Revesz a nombre de las organizaciones que promovieron la investigación explicó a grandes rasgos el contenido de la misma; luego se dio inicio a un panel conformado por Rolando Luque de la Defensoría del Pueblo, Pablo de la Flor, alto funcionario de la empresa minera Antamina y José De Echave quien a nombre de los seis autores respondió a las preguntas de los comentaristas. La discusión que se desarrolló sirvió para identificar los puntos de coincidencia y diferencia de los antes mencionados. Reseñamos aquellos que nos parecen los más saltantes.


La ausencia del Estado

La principal coincidencia que encontramos es la que tiene que ver con la ausencia del Estado en los territorios donde se desarrolla la mayoría de conflictos estudiados. Ausencia que en algunos casos es más bien debilidad de los gobiernos locales y regionales para poder hacer un uso rápido y efectivo de los recursos del canon y de las regalías mineras abonada por los procedimientos y condicionalidades que el gobierno nacional establece para el uso de los mismos.

Sin embargo, la discusión permitió enriquecer esta mirada y entender que esa ausencia del Estado tiene que ver especialmente con su dificultad o resistencia para entender que las condiciones en las que se desarrolla la minería en el Perú han cambiado significativamente con respecto al momento en el que se establecieron las políticas dirigidas a fomentar la inversión en el sector.

Esto se debe, no sólo por el boom de los precios de los minerales en la última década que llevó a que buena parte del territorio nacional se halle concesionado, sino por el hecho que un número mayor de ciudadanos, organizaciones y comunidades hacen sentir sus puntos de vista acerca del rol de la minería en el Perú, tanto en lo relacionado al aporte económico de las empresas al fisco, como por el cuestionamiento al tipo de relaciones que éstas establecen con las poblaciones del entorno, y a la débil atención que muchas empresas y el Estado dan a los impactos socio ambientales que la actividad minera genera.

En otras palabras, a diferencia de décadas pasadas, en “la cancha” no solo están las empresas mineras con la luz verde del Estado, sino que en ésta han ido haciéndose presentes otros actores que hacen que las reglas de juego establecidas originalmente no respondan a la naturaleza de los partidos que en adelante hay que jugar. Como si esto no fuera suficiente, el cambio climático se convierte en un serio e ineludible proceso que no puede dejarse de lado a la hora de formular esas nuevas reglas de juego.


¿Qué está a la base de los conflictos?

Un punto en el que se hacen más evidentes las diferencias es el relacionado a qué es lo que produce el conflicto.

Para Pablo de la Flor existiría una relación directa entre el boom del alza del precio de los minerales y el incremento d e la conflictividad social. Desde su perspectiva, las razones del conflicto tendrían que ver básicamente con el afán de las personas y de las comunidades por obtener la mayor tajada posible de beneficios económicos provenientes de la explotación minera. Desde esta perspectiva, el alza del precio de los minerales incrementó las expectativas e hizo de las poblaciones más exigentes con las empresas y el estado. Desde este punto de vista no habría otras razones que la disputa por el acceso a los beneficios económicos de la actividad minera.

Si bien esta es una de la razones que explica los conflictos como el acontecido en Tintaya el año 2005 o entre Tacna y Moquegua por la distribución del canon minero más recientemente, no da cuenta de casos como el de Tambogrande y Majaz en Piura en los que lo que estaba en discusión eran otros asuntos relacionados más bien a opciones de las personas por determinadas formas de vida y por actividades productivas distintas a la minería. .

Desde esa lógica “economicista” la defensa que las comunidades y productores agrarios realizan del medio ambiente y del uso racional de los recursos no sería sino una suerte de estrategia para obtener en el futuro más altas compensaciones de parte de las empresas mineras. De este modo se reduce de manera simplista los intereses de las personas y de las comunidades a la obtención de la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible.

Los conflictos ¿causa y consecuencia?

La pregunta es importante, ya que define a la forma de tratar los conflictos. Desde lo hasta aquí dicho, los conflictos son una consecuencia de un Estado que funciona ineficientemente o que se resiste, junto a un sector de empresas, a modificar las reglas de juego existentes que no corresponden a la situación de la actividad minera y de los actores relacionados directa o indirectamente a ella.

Por tanto si se busca enfrentar los conflictos de manera democrática se requiere por lo menos:


• Políticas dirigidas a fortalecer la gestión regional y local, decisión más urgente aún si tenemos en cuenta que en el futuro los recursos del canon tenderán a reducirse por lo que se requerirá mejorar significativamente la eficacia y calidad del gasto público.

• Decisión gubernamental para promover una política de ordenamiento territorial que teniendo en cuenta el cambio climático, permita ordenar de mejor manera las decisiones sobre el uso de los recursos naturales, promoviendo que sobre la base de estas políticas las demás decisiones sean en lo posible de carácter regional y ojala, algún día, de carácter macroregional.

• Decisión gubernamental y empresarial para asumir la demanda que los ciudadanos y las comunidades plantean de ser activos involucrados en las decisiones relacionadas a la actividad minera.


¿Es posible que los conflictos desaparezcan?

Coincido con los autores de la publicación motivo de este artículo cuando afirman que los conflictos: “… se darán en la medida en que existan intereses contradictorios, en tanto hayan disputas por poder y visiones contrapuestas respecto a modos de vida, estilos de desarrollo, etc. Lo que pretendemos es que los conflictos y, de darse, también las protestas, se puedan encauzar institucional y pacíficamente. De lo que se trata es que la negociación y las disputas políticas puedan darse abierta y democráticamente, sin imposiciones ni inequidades. Para esto, lo que aquí se propone es ubicar los conflictos en un nuevo entorno institucional, en un terreno común donde los actores involucrados puedan tener cabida, y donde todos sientan que sus intereses son tomados en cuenta”

Denuncia a defensores del medio ambiente: ¿Una nueva estrategia?

Por: José De Echave
Fuente: Coordinadora Nacional de Radio
10/02/2009

La Dirección de Investigación Criminal y Apoyo a la Justicia (DININCRI) de la Policía Nacional, ha abierto una investigación contra la comunicadora Maria Isabel Ferreira, de la ONG LABOR, por presunto delito contra la fe pública y falsedad genérica vía Internet, en agravio de la empresa Doe Run Perú (DRP).

Son varios los años que Maria Isabel Ferreira viene trabajando siguiendo el grave caso de contaminación ambiental que afecta la salud de la población de la localidad de La Oroya. Con su trabajo y el de varios profesionales e instituciones, se ha podido poner en evidencia los reiterados incumplimientos de la empresa DRP en la ejecución de sus compromisos de inversiones ambientales y la grave situación que enfrenta los pobladores de esa localidad. Hoy en día está reconocida como una de las 10 localidades más contaminadas del planeta.

Es preocupante que DRP opte por una estrategia que busca intimidar el trabajo profesional que realiza Maria Isabel Ferreira y no se preocupe en cumplir en serio con sus obligaciones ambientales.

Además, este caso muestra una tendencia preocupante en el comportamiento de algunas empresas, mineras y metalúrgicas, que buscan acallar con denuncias similares a líderes, representantes y miembros de organizaciones civiles que realizan labores de seguimiento y fiscalización. Recordemos que hace algunos meses, una agrupación de pobladores, cercana a la empresa Minera Río Blanco -que opera en la región de Piura-, denunció a 35 líderes y miembros de organizaciones sociales por el delito de terrorismo -sin mayor sustento-, en un claro intento por intimidarlos y debilitar sus iniciativas.

No nos cabe la menor duda que esta iniciativa no prosperará y que Maria Isabel y el equipo técnico que trabaja en este caso, continuarán con su importante labor. Hasta la próxima semana.